La forma de conseguir nuestros objetivos se fundamenta en la desobediencia civil, pacífica y masiva, para la apertura de un Proceso de Libertad Constituyente donde se redacte una nueva Constitución democrática. Para ello, es necesario conseguir la hegemonía cultural dentro de la sociedad civil. Te lo detallamos en este apartado.
Nuestra lucha se fundamenta en la ruptura de todos los vínculos de confianza que sigue manteniendo la sociedad civil con el Régimen. Luchamos por establecer un nuevo marco cultural, una hegemonía del pensamiento entre la sociedad civil, que condene al régimen oligárquico y aspire a hallar el camino de la conquista de su verdadera libertad política. La desobediencia civil hace referencia a esto, a ese proceso por el cual el pueblo retira su confianza y le da la espalda por completo al sistema, con tal de defender su interés común que ha sido desatendido por quienes decían representarlo.
Para ello es indispensable fomentar un clima de debate entre la nación en favor de este nuevo marco cultural, y podemos garantizar que nuestra acción como asociación irá estrechamente relacionada a este propósito, además de ser una asociación muy activa y dinámica donde los miembros puedan establecer sinergias robustas.
La naturaleza de nuestros objetivos nos obliga a darnos a conocer, a crear alianzas y sobre todo a estar presentes y codearnos con cada uno de nuestros miembros. Saldremos a la calle en busca de opiniones, convocaremos reuniones y concentraciones, crearemos contenido en redes estableciendo también una presencia digital y participaremos en eventos en coordinación con asociaciones amigas. También sugeriremos charlas, conferencias, talleres…
A efectos prácticos no existe una hoja de ruta predefinida de antemano sobre las actividades específicas a desarrollar, pues en el transcurso de nuestra acción, a medida que podamos hacer retrospectiva y valorar qué actos nos dan más resultados, podremos precisarlos. Lo que tenemos claro es que mientras consigamos llamar la atención hacia nuestra causa, y no necesariamente para persuadir, sino, aunque sea para ponerla a debate, consideraremos que estamos cumpliendo con nuestros objetivos y haciéndonos más fuertes. Pero la sociedad civil, si busca romper con el yugo del sistema político, debe abstenerse de participar en él. Por eso nos declaramos abstencionarios — que no abstencionistas, pues ejercemos un abstencionismo consciente.
Este es un punto que genera mucha controversia al relacionarse el abstencionismo con la pasividad y el desinterés. Pero al tratarse de Abstencionismo consciente, lo hacemos por convicción en nuestras ideas y porque creemos que es un paso necesario para la consecución de nuestros objetivos. Quedando esto claro, nos proponemos exponer nuestra postura:
Partiendo de que votar es una decisión personal, pues deliberamos sobre si ejercer o dejar de ejercer un derecho, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿En base a qué tomamos esta decisión? ¿Qué nos mueve a tomarla? La respuesta a esto no es lo que nos gustaría que cambiara en el panorama político, sino que nos impulsa a tomar esa decisión: ¿El convencimiento en el poder de nuestro voto?, ¿el miedo a un enemigo?, ¿el adherirnos a una corriente ideológica? Bien, solemos escuchar que abstenerse “transfiere” nuestro derecho a los demás y que eso puede beneficiar a las peores alternativas. Bajo esa lógica nos mantendremos votando siempre por miedo, por rechazo, lo que es muy fácilmente inducible por parte precisamente de las élites políticas que basan en ese tipo de discursos sus campañas. En esa situación, ¿no estaríamos siempre ante el contrincante al que hay que repeler y el nuevo político que viene a salvarnos? La situación actual no difiere mucho.
Nosotros estamos convencidos de que votar es una decisión que como las demás, se debe tomar con la mayor convicción posible. En un país donde no existe representación, nos es imposible convencernos de la utilidad y practicidad de nuestro voto, pues no elegimos nada. Votar se reduce a identificarse con las ideas de otro. Y eso que confiar en la palabra de un político, como tantas veces se ha demostrado en nuestro país, no suele recompensarnos. Cuando lo hacemos, cuando confiamos en sus palabras y en sus promesas, estamos aceptando entrar en un juego donde el político, al no poder exigirle responsabilidades, puede decidir si actuar lícitamente o hacer trampas —y suele ser lo segundo pues les resulta ventajoso— de modo que, si seguimos participando en el juego, ¿no estamos legitimando ese modo de hacer tramposo? ¿No damos nuestro consentimiento a que nos defrauden? En lugar de eso, ¡retirémonos del juego y cambiemos las reglas!
Defendemos que nuestro pueblo no puede tolerar las reglas de este juego y que forma parte de nuestra dignidad, la de cada uno de nosotros, abstenerse de participar de él. Ahora bien, la abstención por sí sola no cambiará las reglas del juego. No podemos esperar que solo con no votar vayan a tambalear los cimientos de la partidocracia. Sabemos que los políticos estarán dispuestos a aferrarse al poder aun si hay poca participación. Por ende, abogamos por la Abstención activa: El proceso por el cual el pueblo no solo rompe su confianza con el sistema, sino que además se manifiesta y presiona por una alternativa que defienda su libertad política.
Ahora cambia la situación: un pueblo que no sólo deslegitima al sistema no votando, sino que exige un cambio manifestándose activamente, en el supuesto que se llegue alrededor de un 40-60% de abstención activa entre la nación, definitivamente hará desequilibrar el sistema. ¿Cómo? Entendemos que este es un punto importante, así que seamos claros:
En esa situación, cabe esperar dos escenarios posibles, o bien que el Régimen acate y ceda ante nuestras peticiones, o que se aferre al poder. Obviamente creemos que lo más plausible es que el Régimen, amparándose en la legalidad y en la constitución del 78, defienda su posición de poder aduciendo que “las reglas se han cumplido”. Pero está claro que eso no habremos de aceptarlo. La presión se mantendrá: seguiremos manifestándonos y desarrollando nuestra labor divulgativa, y a medida que el abstencionismo activo crezca, la ilegitimidad será mayor. Si además el descontento se extiende a sectores clave de la sociedad, como el funcionariado, la justicia o el ejército, el Régimen no tendrá otro remedio, con tal de seguir aferrado al poder, que adoptar una conducta autoritaria. Esto perjudicará su imagen enormemente, tanto a nivel nacional como internacional, lo que beneficiará todavía más nuestra causa. Efectivamente, le habremos puesto entre la espada y la pared.
Si aun así no cede, promoveremos la abstención fiscal: si un gran porcentaje de la población deja de pagar impuestos, el Estado, al verse privado de los recursos para mantener la estructura administrativa, cesará en sus funciones. Asimismo, planificaremos huelgas generales. La finalidad de estas acciones consiste en paralizar la actividad nacional con tal de dejar constancia de la voluntad del pueblo y obligar al Estado —al Régimen oligárquico— a someterse al cambio.
Obviamente, no consideraremos esta opción hasta dado un escenario donde exista ya un gran descontento y un alto porcentaje de abstención activa. Está vía tiene la intención de producir un cambio casi inmediato, ya que no pretendemos paralizar el país y los servicios que nos resultan necesarios a todos en el día a día por mucho tiempo. Por ello será útil cuando la nación, estando organizada y decidida por un cambio, pueda usarla como amenaza para infundir temor en la clase política, y en caso necesario, hacerla efectiva. ¿Pero qué exigiremos exactamente al Estado? ¿Qué hay en el espacio de tiempo entre la ruptura con el sistema y la constitución de uno nuevo basado en la libertad y la democracia?
¿Cómo podremos constituir la libertad política colectiva una vez la sociedad civil haya conseguido doblegar al Régimen?
El período de Libertad constituyente es el proceso por el cual se confiere a unas cortes constituyentes el deber de redactar y proponer una nueva constitución que deberá ser admitida o rechazada por referéndum.
Antes que nada, será trascendental efectuar una reforma del sistema electoral vigente que deberá exigirse al Régimen bajo protesta y en caso de que no ceda, bajo amenaza de abstención fiscal. Mediante esta reforma estableceremos la representación uninominal por distritos, asegurándonos así que los principios democráticos también se aplican con tal de erigir las cortes que deberán redactar la constitución. Se configurarán unos distritos en el territorio nacional y cada distrito mandará un representante escogido por mayoría absoluta. Tras la reforma electoral y la elección de unas cortes constituyentes, transcurrirá un período de un año en que un gobierno provisional (elegido también por el nuevo sistema electoral reformado) mantendrá las funciones básicas de funcionamiento del país, mientras que las cortes constituyentes se encargarán de elaborar por lo mínimo tres borradores de constitución, que, al transcurrir un año, serán presentadas y votadas. Durante este año se producirá un clima de debate nacional acerca de que deberá priorizarse en la redacción de la nueva constitución, y ésta se dará a conocer a medida que se desarrolla. Este período garantizará una nueva constitución producto de la libertad del pueblo para acordar unas reglas comunes a todos: Una constitución justa.
Ruptura y Democracia se compromete a perseguir estos fines, haciendo lo que esté en nuestras manos para lograr un cambio tan crucial para todos los españoles.“Una nación no se pierde porque unos la ataquen sino porque quienes la aman no la defienden.” — Blas de Lezo y Olavarrieta.
